Miedo al después

¿Qué crees que nos vamos a encontrar ahí fuera cuando salgamos de ésta? – me preguntaba el otro día un vendedor desde el confinamiento de su casa y en referencia a las ventas futuras.

Quizá no sea el momento más oportuno de pensar en el después, no lo sé, pero la mente humana es así de caprichosa y tanto tiempo libre da pábulo a una imaginación desmesurada que en situaciones de crisis sólo nos lleva a la oscuridad más absoluta.

La vuelta será dura, sin duda, la mayoría de los negocios estarán intentando saldar las deudas contraídas por la falta de ingresos, bregando con los pagos aplazados. Esperemos que la mayoría de ellos tosan y escupan el agua tragada y no aparezcan flotando en el mar de las empresas que un día fueron y que ya no serán.
Y en medio de todas esas preocupaciones racionales de clientes y prospectos estaremos nosotros intentando convencerles de que compren nuestras soluciones, nuestros productos. Tendremos que revisar nuestro argumentario de ventas, presentar promociones atractivas, probablemente flexibilizar las formas de pago y, hoy más que nunca, entender las verdaderas necesidades de todos ellos. Habrá que ser paciente, que no por ello menos insistente.

Por otro lado, también me temo que, en el mejor de los casos, perderemos gran parte de nuestros ingresos variables, tendremos que apretarnos el cinturón con la esperanza de que no nos salga la lengua por la boca de tanta presión ejercida sobre la cintura. Sin embargo, como casi todo en la vida, será temporal y un panorama más optimista se abrirá ante nosotros poco a poco (nada es eterno).

Lo peor que podemos hacer en estos momentos es dejarnos llevar por el miedo que, tal y como dijo Tito Livio, siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son. Y es que el miedo, aunque necesario para mantenernos alerta y evitar peligros inminentes, es mal compañero de viaje y en muchas ocasiones nos puede llevar a perder el control, por otra parte tan necesario para salir airoso de situaciones complicadas.

Saldremos de ésta como hemos salido de otras muchas (tampoco la crisis de 2008 fue un caminito de rosas). A nuestro favor tenemos la fuerza de carácter, forjado en la adversidad, que entraña una profesión como son las ventas. Tendremos que intentar (y conseguir) ser optimistas ya que sin duda esto ejercerá un efecto enormemente positivo en nuestra calidad de vida, no con el objetivo de ignorar los problemas sino con el fin de afrontarlos de una forma serena. Digamos que nos hará el día a día más “llevadero”.

Sí, claro, ¡qué fácil es decirlo! – te estará diciendo tu vocecilla interna, ¡y con razón!, pues más fácil es decir que hacer. Sin embargo, déjame que te diga una cosa: si llega ese momento significa que seremos supervivientes; otros no habrán tenido esa suerte y otros cuantos vivirán con la pena de haber dejado atrás a seres queridos, y probablemente con la desgracia de no haberlos podido despedir como era debido. Si somos de los afortunados en salir “indemnes” tendremos motivos de sobra para sonreír a la vida, razones más que suficientes para no dejarnos doblegar por la desdicha.

Pero todo eso será después, mañana. Es momento de mirarnos menos el ombligo y dar las gracias de todo corazón a todos aquellos profesionales que se están entregando en cuerpo y alma para sacar esto adelante. A todos aquellos que no tienen tiempo en pensar a futuro desbordados por el presente. ¡MUCHAS GRACIAS, DE VERDAD!

 

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